Educación en situaciones de emergencia

La «educación en situaciones de emergencia» hace referencia a las oportunidades para acceder a un aprendizaje de calidad para todas las edades en situaciones de crisis, incluyendo el desarrollo de la primera infancia, la educación primaria, secundaria, no formal, técnica, profesional, superior y de adultos. La educación en situaciones de emergencia proporciona protección física, psicosocial y cognitiva que puede sostener y salvar vidas. Algunas situaciones habituales en las que la educación en situaciones de emergencia es esencial son los conflictos, contextos de violencia, desplazamientos forzosos, desastres naturales o emergencias de salud pública. La educación en situaciones de emergencia es un concepto más amplio que la "respuesta educativa de emergencia", la cual es parte esencial de ella. (INEE, 2018)

Los derechos de niños, niñas y jóvenes no quedan suspendidos durante una situación de emergencia. Esto incluye el derecho a la educación. Una educación de calidad protege el desarrollo cognitivo y apoya el bienestar psicosocial. En tiempos de crisis proporciona una sentido de esperanza a niños y niñas.

El compromiso del Objetivo de desarrollo sostenible 4 (ONU, 2015), que asegura una educación inclusiva y equitativa para todos para el año 2030, no podrá ser alcanzado sin que haya un mayor compromiso hacia la planificación, priorización y protección de la educación, especialmente en momentos de crisis y conflictos.

Estadísticas clave

  • En 2019, la cifra de desplazados forzosos ascendía a 79 millones y medio de personas en todo el mundo: 26 millones de refugiados, 4,2 millones de solicitantes de asilo, 45,7 millones de desplazados internos (ACNUR, 2020)
  • En 2020, la educación solo recibió un 2,4 % del total de la ayuda humanitaria (INEE, 2020)
  • Entre 2015 y 2019 hubo más de 11.000 ataques a escuelas, lo que tuvo un saldo de más de 22.000 estudiantes y profesores heridos en 93 países. (GCPEA, 2020)
  • En 2019, incluso antes de la pandemia del COVID-19, 127 millones de niños, niñas y jóvenes en edad de asistir a la escuela primaria y secundaria residentes en países en conflicto no estaban escolarizados, es decir, casi el 50% de la población mundial sin escolarizar. (INEE, 2020)
  • En 2019, el porcentaje de niños, niñas y jóvenes en edad de enseñanza primaria y secundaria no escolarizados y residentes en países en conflictos era del 31% para las niñas y del  27% para los niños. (INEE, 2020)
  •  A pesar de que tan solo el 29% de la población mundial en edad de acceder a la enseñanza primaria y secundaria residía en países en conflicto, el 49% de niños, niñas y jóvenes en edad de enseñanza primaria y secundaria en estos países no estaban escolarizados. (INEE, 2020)
  • En 2021, 235 millones de personas requerirán asistencia y protección humanitaria. Esto quiere decir que una de cada 33 personas en el mundo precisa ayuda — un aumento significativo con respecto al porcentaje de una cada 45 personas de hace un año, la cual ya era la cifra más alta en décadas (UNOCHA, 2020)
  • Menos de un tercio de los refugiados están matriculados en institutos, con una significativa desigualdad entre géneros. Un 36% de los jóvenes refugiados están matriculados en institutos frente al tan solo 27% de las jóvenes refugiadas. (Save the Children, 2020)

Educación: una intervención que salva vidas

Niños, niñas, padres y comunidades demandan acceso a la educación

 J Arredondo, IRC
Una escuela sin techo donde se imparten clases a los alumnos de 3º y 4º de primaria en El Rosario, Nariño, Colombia © J Arredondo, IRC

Cuando se les pregunta a niños, niñas y padres viviendo en situaciones de emergencia y crisis acerca de lo que más necesitan, una y otra vez nos responden que quieren continuar sus estudios. El 99% de los 8.749 niños y niñas inmersos en 17 emergencias diferentes – desde conflictos hasta crisis y desastres prolongados – que participaron en 16 estudios elaborados por las ocho organizaciones que cubrieron tales emergencias, veían la educación como una prioridad. En ocho estudios que realizaron encuestas a 4.713 niños y niñas en nueve países afectados por emergencias, y donde se les pidió que clasificaran sus necesidades por orden de prioridad, el 38 % identificó la educación como su principal prioridad, y el 69 % la situó entre sus tres principales prioridades (Save the Children, 2015, Save the Children, 2014).

Corto plazo

En emergencias, la educación salva vidas y es un componente esencial en las estrategias de protección de la niñez. Los niños, niñas y jóvenes fuera de la escuela corren un mayor riesgo de sufrir violencia, violaciones y ser reclutados para el combate, la prostitución y otras actividades peligrosas y, a menudo, delictivas (NORRAG, 2012). La educación en estos contextos también puede proporcionar a los niños y niñas información de vital importancia, tal como autoprotección ante abusos sexuales, el peligro de las minas, la higiene de manos y otras técnicas de supervivencia necesarias en su contexto específico (Universidad de Denver, 2010). Lo más importante es que proporcionar educación en situaciones de emergencia contribuye a sostener los progresos ya realizados por los niños, niñas y jóvenes escolarizados, al tiempo que mantiene la inversión de niños, niñas, padres y comunidades y reduce el impacto de las interrupciones causadas por las crisis.

Largo plazo

La educación protege no solo de situaciones que provocan traumas, lesiones y muerte en medio de una crisis, sino también contra las futuras amenazas al bienestar y los medios de vida. La educación proporciona una vuelta a las rutinas familiares y ofrece esperanza hacia el futuro, a la vez que mitiga el impacto psicosocial de la violencia y del desplazamiento. La provisión de una educación de calidad en tiempos de conflicto también puede contrarrestar las causas subyacentes de la violencia, además de fomentar la inclusión, la tolerancia, la conciencia de los derechos humanos y la resolución de conflictos, apoyando los procesos de reconstrucción y consolidación de la paz a largo plazo  (NORRAG, 2015). La educación es clave para que niños, niñas y jóvenes alcancen su máximo potencial: alumbra cada etapa de su viaje hacia una vida mejor, especialmente para los más pobres y vulnerables. La educación empodera a las niñas y chicas jóvenes al aumentar sus posibilidades de conseguir trabajo, de mantenerse sanas y de participar plenamente en la sociedad, y aumenta las posibilidades de que sus hijos e hijas lleven una vida sana (UNESCO, 2013).