Cuál es el futuro de la EeE: Conversando con Emma Gremley


Con el aumento de las situaciones de crisis a nivel global y la reducción de la financiación tradicional de los donantes, es más importante que nunca replantearse la forma de apoyar la educación en situaciones de emergencia. En respuesta a ello, la INEE, junto con las partes interesadas en la Educación en Situaciones de Emergencia (EeE), está convocando una serie de debates nacionales, regionales y globales para reflexionar sobre Cuál es el futuro del sector educativo y, en concreto, de la EeE. Qué viene ahora (What’s Next) supone un replanteamiento estratégico de los mecanismos de prestación de la EeE y consiste en repensar el sector de la educación como un sector dirigido por actores locales, que dependan menos de los donantes tradicionales, y que ofrezca una nueva perspectiva de cómo puede ser la EeE en la práctica.
En esta conversación, Emma Gremley, Directora Senior de Educación, Recuperación Económica y Desarrollo del Comité Internacional de Rescate, y Faiza Hassan, Directora de la INEE, reflexionan sobre cómo podría ser un cambio significativo en el sector de la EeE
¿Cuál es el futuro de la EeE?
Faiza: Hola Emma, es estupendo poder conversar contigo sobre este tema tan importante. En todo el sector existe un reconocimiento cada vez mayor de que las antiguas formas de trabajar ya no son adecuadas para su propósito. Desde tu punto de vista, ¿cómo podría ser el futuro de la EeE?
Emma: Gracias, Faiza. Para mí, el futuro de la EeE empieza por recordar por qué es importante este trabajo. Una y otra vez, en todas las situaciones de crisis (desde los conflictos, hasta los terremotos y las pandemias) los niños, las niñas y los jóvenes constantemente piden educación. Es lo que quieren las familias: no sólo supervivencia, sino la esperanza y la oportunidad de reconstruir. En 2016, la comunidad humanitaria se comprometió a rendir cuentas a las poblaciones afectadas, pero seguimos sin cumplir esa promesa en lo que respecta a la educación. La financiación lo dice todo: la educación sigue siendo uno de los sectores menos financiados de la respuesta humanitaria.
A medida que se reduce la financiación, nos vemos obligados a afrontar lo que sabemos desde hace años: los modelos actuales están demasiado fragmentados, son demasiado lentos y a menudo no ofrecen un aprendizaje real a los niños y las niñas. Eso tiene que cambiar.
Necesitamos centrarnos en construir sistemas que respondan a las crisis, sean financieramente resilientes y estén liderados localmente. El objetivo es apoyar los sistemas educativos nacionales y comunitarios para que puedan responder eficazmente a las crisis. El papel de la comunidad internacional debe ser apoyar y reforzar esos sistemas, y sólo intervenir directamente cuando los sistemas no puedan (o no quieran) responder. Esto es especialmente importante en el contexto actual, en el que los presupuestos de ayuda se reducen y el apoyo a la prestación de servicios a gran escala es cada vez más insostenible. En todas las respuestas debemos centrarnos en la calidad. Mantener a los niños y niñas seguros y en buen estado durante una situación de crisis es vital, pero no es suficiente. También tenemos que asegurarnos de que aprenden para que tengan un futuro mejor.
Tenemos que alinear mejor la EeE con las agendas sobre el clima y el riesgo de desastres. Ahora mismo, la educación sólo recibe una pequeña parte de la financiación mundial para el clima (alrededor del 0,001%) y eso es inaceptable. Si somos capaces de demostrar que los sistemas educativos pueden responder durante las situaciones de crisis, estos estarán mejor situados para atraer el tipo de inversiones a largo plazo que el sector necesita desesperadamente.
Ya sea integrando la financiación del riesgo de desastres (FRD) en la planificación educativa, como estamos empezando a ver en países como Filipinas y Haití, o utilizando modelos de financiación preestablecidos que aportan fondos cuando las escuelas más los necesitan, estas innovaciones ya no son teóricas. Son posibles, escalables y esenciales.
Reforma de la arquitectura de la EeE
Faiza: A menudo nos centramos demasiado en realizar ajustes en las estructuras existentes en lugar de preguntarnos si estas estructuras siguen siendo adecuadas para su propósito. ¿Cómo cree que debe evolucionar la arquitectura mundial de la EeE para afrontar este momento de cambio?
Emma: Es una gran pregunta, ¡aunque no es fácil de responder! La arquitectura actual sigue demasiado centrada en responder a posteriori y no hace lo suficiente para fortalecer los sistemas educativos antes de que se produzcan las situaciones de crisis. Tenemos que rediseñar la arquitectura para apoyar la prevención, la preparación y la resiliencia, no sólo la respuesta.
Existen algunos modelos prometedores. La idea de integrar la financiación del riesgo de desastres en los planes sectoriales de educación, como se ha visto en la recuperación de Haití tras el paso del huracán Matthew, muestra cómo los sistemas educativos pueden utilizar herramientas como el seguro paramétrico o los fondos de contingencia para responder más rápida y eficazmente. De manera similar, la integración de la educación en los planes nacionales de adaptación climática de Pakistán es una muestra de lo que es posible cuando los ministerios tienen competencias y la financiación del riesgo de desastres se incorpora en los presupuestos sectoriales.
A escala mundial, necesitamos una mayor armonización entre la financiación de la educación, la financiación de la lucha contra el cambio climático y la respuesta a los desastres. Esto significa replantearse la coordinación, reducir la duplicación de esfuerzos entre los distintos actores y capacitar a las autoridades educativas nacionales para que asuman el liderazgo con las herramientas y asociaciones adecuadas.
Y tenemos que examinarnos a nosotros mismos como sector. Cuando creamos nuevas instituciones o programas, tenemos que tener muy claro qué vacío estamos cubriendo. Si no podemos responder a eso, debemos tener la humildad de dar un paso atrás, incluso si eso significa que nuestras organizaciones se reduzcan, se fusionen o desaparezcan por completo. Fíjense en lo que está ocurriendo en la sanidad mundial en estos momentos: fondos bien establecidos luchan por reponerse. El año que viene habrá que reponer dos fondos mundiales para la educación, y deberíamos preguntarnos: ¿cómo nos estamos preparando para ese reto? ¿Cuáles son los valores que proponemos?
También tenemos que estar más conectados con los cambios más amplios en el espacio humanitario y de desarrollo, y más integrados en nuestros planteamientos. Garantizar respuestas más holísticas a través de enfoques integrados, por ejemplo, asegurando que los programas de vacunación también ofrezcan desarrollo de la primera infancia, es eficaz y eficiente. Presentar la educación, con su debida importancia, en esfuerzos globales como la Misión 300 y la Agenda de Empleo del Banco Mundial no es algo que sea atractivo, es esencial.
Del simbolismo a la verdadera localización
Faiza: Gracias, Emma. A medida que disminuye la financiación de los donantes, se habla de la localización como la respuesta por defecto. Pero el término significa cosas diferentes para cada persona. En muchos contextos, la localización sigue significando subcontratar a actores locales en lugar de transferir el poder de decisión. ¿Qué haría falta para que las organizaciones locales y nacionales pasaran de un liderazgo simbólico a un liderazgo real?
Emma: Este es un punto crítico. La localización debe significar apropiación, no sólo aplicación. No basta con "implicar" a los actores locales: deben tener poder para diseñar programas, establecer prioridades y acceder directamente a la financiación.
Para ello, debemos rediseñar los modelos de financiación. Por ejemplo, la idea de crear fondos de riesgo específicos para la educación, como los que se están estudiando para los contextos humanitarios, podría canalizar recursos hacia los actores locales sobre la base de factores disparadores y planes de contingencia acordados. Estas herramientas funcionan mejor cuando se diseñan con y para los intervinientes locales. Los mecanismos centrados en la comunidad pueden funcionar cuando se combinan con la financiación directa y la rendición de cuentas.
También tenemos que reducir las barreras técnicas y burocráticas que impiden a las organizaciones locales liderar, y esto es válido a todos los niveles, desde los donantes (públicos y privados), la ONU y las ONG internacionales. Incluye la creación de capacidad financiera y operativa, pero también la confianza en que los líderes locales saben lo que necesitan sus comunidades.
Y tenemos que dejar de tratar a los actores locales como meros "proveedores de contexto". Las organizaciones locales no sólo aportan conocimientos, sino también soluciones reales, pero rara vez disponen de recursos para medirlas o ampliarlas. Podemos cambiarlo. Por ejemplo, apoyando su capacidad de monitoreo y evaluación, les damos las herramientas para mostrar su impacto, acceder a financiación y liderar la innovación. Además, las comunidades de la diáspora, muchas de las cuales son grandes defensoras de la educación y podrían convertirse en socios y defensores vitales de los esfuerzos por mejorar la educación de las comunidades en situación de crisis, ofrecen un enorme potencial de colaboración sin explotar.
Transformar el modelo de prestación de EeE
Faiza: Al hablar de resiliencia y sostenibilidad, ¿cómo podemos, como sector, apoyar un cambio hacia una EeE transformadora?
Emma: Se empieza por reconocer que los sistemas educativos de todo el mundo, no sólo de las zonas en conflicto, se ven ahora sistemáticamente perturbados por las situaciones de crisis. La educación interrumpida ya no es una anomalía. Se está convirtiendo en la norma. La COVID lo dejó claro, pero también los fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más frecuentes. Así que tenemos que dejar de separar "educación" de "EeE". El aprendizaje básico es la piedra angular de la educación y debe ser el objetivo de todos los niños y todas las niñas, no sólo de los que viven en entornos "estables".
Para ello tenemos que ser más eficientes con todo el espectro de financiación disponible. La filantropía no puede llenar el vacío dejado por la disminución de la AOD, pero puede desempeñar un papel catalizador, siendo más tolerante al riesgo, basándose más en la evidencia y colaborando más con el ecosistema en general. Y los donantes bilaterales, cuyos presupuestos para subvenciones se están reduciendo, podrían recurrir más a las garantías para atraer financiación privada y filantrópica. Tenemos las herramientas, pero no las utilizamos en todo su potencial.
Ahí es donde entran en juego elementos como la financiación sensible a las situaciones de crisis, los sistemas de aprendizaje a distancia y una sólida protección social. Pero lo más importante es que estas herramientas se integren en los sistemas nacionales. Recordemos de dónde procede la mayor parte del gasto en educación: de los gobiernos nacionales y de los hogares. No de donantes. Entonces, ¿cómo hacemos para que esos actores participen en el esfuerzo conjunto para sacar el máximo partido de sus inversiones? Deberíamos buscar modelos que no sólo respondan a las situaciones de crisis actuales, sino que también ayuden a los sistemas a resistir las futuras situaciones de crisis. Por ejemplo, las herramientas de financiación que responden a las situaciones de crisis, como CREST del IRC o la Iniciativa Hoy y Mañana de UNICEF, muestran cómo podemos prestar ayuda rápidamente y de forma que se ajuste a los sistemas nacionales. Y la idea de crear fondos de riesgo de desastres específicos para la educación—en los que se liberan fondos automáticamente cuando se alcanzan ciertos umbrales—es otro enfoque poderoso. No son posibilidades lejanas; son modelos que podemos escalar ahora. La crisis climática y los desastres por fenómenos naturales cada vez más frecuentes hacen que este trabajo ya no sea opcional. Tenemos que diseñar para la disrupción y construir pensando en la resiliencia.
Reflexiones finales
Faiza: Gracias, Emma, por esta conversación tan rica y oportuna. ¿Alguna reflexión final?
Emma: Sí, quiero reconocer que este es un momento increíblemente difícil para todos los implicados en nuestro sector y creo firmemente que todos estamos comprometidos en este trabajo porque nos preocupan profundamente los niños y niñas y las comunidades a las que servimos. Pero tenemos que dejar de aferrarnos al statu quo sólo porque nos resulta familiar. Tenemos soluciones. Existen en gobiernos, ONG internacionales y comunidades. Pero no los ampliaremos a menos que flexibilicemos nuestra estructura organizativa, compartamos lo que funciona y colaboremos.
Eso significa celebrar cuando otros utilizan tus herramientas. Significa estar dispuesto a servir al bien colectivo del sector en lugar de «proteger tu propia marca». No avanzaremos en silos. Y con lo que está en juego (para los niños y niñas, para las comunidades) no podemos permitirnos el lujo de no hacerlo bien.
¿Cuál es el futuro de la EeE?
¡Queremos conocer su opinión! Con la reducción de la financiación tradicional de los donantes, es más importante que nunca replantearse la forma de apoyar la educación en situaciones de emergencia. ¿Cómo han afectado los recientes recortes de financiación a la prestación de servicios educativos en su contexto? ¿Cómo ve la evolución de la educación en contextos de emergencias? ¿Y cómo podemos seguir garantizando el acceso a una educación de calidad para todos los niños y las niñas sin depender tanto de la financiación tradicional de los donantes? ¿Cuáles son sus esperanzas, aspiraciones y planes?
¡Esperamos noticias suyas!



